Juan Santander

May 2009
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Egresado de Literatura Hispánica en la Universidad de Chile, Juan Santander se perfila como un prometedor poeta cuya escritura prefiere mantener al margen de las lógicas gregarias de la generación. Hoy conversa con Tapiz.cl sobre cómo enfrenta su trabajo, el medio local, el mundo de las editoriales y la poesía como actividad hoy en el siglo XXI.

Por Nicolás Labarca / Fotos: Valentina Campos en www.flickr.com/balerocks

Te quería preguntar por tus primeros acercamientos a la literatura, a la escritura.

Empecé a leer hace harto tiempo, como a los trece o catorce años. A escribir también, a la par. Cuando entré a la Universidad me dejé llevar por esa idea de que había que leer y que probablemente escribir no era necesario. Y estuve un tiempo así. Luego comencé a sentir la necesidad no sólo de tener un espacio para la lectura sino también uno para la escritura, para que la lectura no muriera, para decir, para expresar. Esa ha sido mi relación con la escritura. Al principio entusiasta, adolescente. Después crítica. Y luego, con una seguridad que me da algunos años viendo ciertas cosas: gente que escribe, leyendo, estudiando.

Es bien común ese fenómeno que señalas, de entrar a estudiar literatura y comenzar a adquirir una mirada tal vez más crítica respecto a escribir, a ser escritor. Pero también durante ese período formaste parte del Taller Códices y fuiste becario de la Fundación Neruda.

El Taller Códices era un ramo de la Universidad que yo hice con casi puros amigos. Allí se dio todo súper bien. A Andrés Morales, que dirige el taller, le gustó nuestro trabajo y nos lo hizo saber. Nos invitó a antologías, a leer, y con eso quedamos con la sensación de que algo hacía por nosotros. Y es que, al final, es difícil encontrar alguien que haga eso gratuitamente. Por otro lado, el Taller Neruda lo hice cuando llegué a Santiago y tenía 19 años. Llegué súper chico, yo era el menor, de hecho. Y bueno, capaz por eso no supe cómo sacar valor de esa experiencia, sacarle provecho. Yo estaba en una situación crítica con respecto de lo que yo escribía y de lo que escribían los demás, estaba recién tanteando algunas cosas como para involucrarme como sí se involucraban otras personas, personas que ya habían publicado, que estaban escribiendo, que eran de Santiago. Porque eso marca la diferencia con personas que vienen de provincia. Si eres de Santiago, probablemente ya has tenido talleres en el colegio, ya conoces a cierta gente, ya habías ido a los talleres de Balmaceda y también conocías lo que era la Fundación Neruda.

Claro, naciste en Copiapó y después te viniste a Santiago a estudiar…

Sí, yo hice ese viaje del provinciano que llega a Santiago. Copiapó es una ciudad que culturalmente tiene poco. Hay gente que hace cosas y vale la pena decirlo, hay un encuentro de poetas, “Descentralización poética”, que ahora se está organizando, pero fuera de esos grupos hay poco.

Cuando vivías allá, ¿te relacionaste con gente ligada a la literatura?

No, eso empezó acá. Yo ya leía y escribía, pero con mi grupo de amigos allá tocábamos música, jugábamos a la pelota, salíamos, pero no tenía ningún amigo que fuera algo así como un “escritor”. Y traté de llegar a los más viejos de Copiapó, pero me costaba. Por mi edad seguramente, por los prejuicios. Mis primeros amigos “literarios” fueron recién en la Universidad.

¿Crees que todavía entre Santiago y regiones se da una relación centralista, donde lo que más se señala son los poetas que están acá, o crees que en este momento está cambiando esa relación?

Ese tema me interesa bastante. No sé si para investigarlo, pero sí para escribir desde allí. No sólo por mi caso, sino porque en general las lecturas que más me han llevado a un lugar que me interese, desde el punto de vista de la poesía en Chile, son poetas de provincia. Entonces, independiente de que haya un centralismo general –que es nacional y tiene que ver con la organización de Chile como país– nos encontramos regionalismos que pueden ser políticos, pero también culturales y esos a mí me interesan harto. Por eso te menciono el caso de Oscar Saavedra, que hace este encuentro movedizo “Descentralización poética”, que establece conexiones. No sólo hace que gente de Santiago vaya a provincia, sino que también que esa gente de provincia vaya a Santiago, a leer, a escuchar. Eso produce algo bueno, permite escuchar más poetas, leer más poetas, de otros lugares, sociales o geográficos, tal vez hasta históricos.

Y a ti, ¿qué poetas te interesan hoy en día?

Si bien ahora estoy leyendo a pocos poetas chilenos, siempre me ha interesado leer la mayor cantidad de éstos, en la medida que sus escrituras son disímiles y responden a momentos contextuales, políticos, ideológicos y estéticos distintos. Cada escritura, y esto es lo que me lleva a leerlos más de una vez, apunta a lo que ellos saben y a cómo llevan el tema de su momento a la escritura y a la poesía.

Obviamente los poetas de los setenta, de los ochenta, de los noventa, del dos mil, son súper distintos, porque el país ha ido cambiando harto, hay momentos y momentos. Pero hay algunos poetas que logran tal vez “retratar”, o más bien “decir algo” de su mundo, no necesariamente decir algo que consideremos importante nosotros. Probablemente no nos interese lo que estamos leyendo en términos de alguien que vivió algo, pero sí nos interesa alguien que logró hacer algo con eso que le estaba pasando. Puede ser una persona súper involucrada con la vida nacional, o alguien con un rol lateral, o alguien que no estuvo en Chile, y aún así estuvo escribiendo. Eso nos llega, y recordamos o aprendemos.

¿Hay en eso una búsqueda de lo vivencial?

Sí, claro. Yo creo que eso es importante ahora. No me gustaría pensar que hoy nos encontramos bajo una estética dominante. Creo que en este momento, por desarrollos que tienen que ver con la comunicación y el estado de las relaciones entre la gente, con lo que se lee, con lo que se escribe, con lo que se ve, escucha y debate, la cuestión va más allá de una sola estética.

A mí me gusta pensar que hay más de una manera de hacer las cosas. Debido a que tenemos la posibilidad ahora de leer poetas de muchos países, poetas de distintas épocas, distintas tradiciones. Eso nos da una idea de que no estamos en un solo lugar, de que no escribimos desde un solo lugar. Obviamente uno trata de asir ciertos escritores que le gustan, cierta política o ciertas estéticas, pero al final prevalece no una confusión, sino una diversidad. En la actualidad, en Chile, hay hartos poetas, hay distintas generaciones dialogando, peleando probablemente, pero uno puede lograr leyendo, escuchando, y también escribiendo, tener una diversidad que resulte provechosa para el lector y el escritor.

Eso es lo que me interesa ahora, en lo que estaba escribiendo ahora traté no de escribir todos los poemas desde un mismo lugar –no sé si se logra o nota– sino que traté de decir más de una cosa y desde más de un lugar, desde distintas edades, lugares geográficos, experiencias. Me interesa eso, lo más movedizo posible. Eso puede parecer de repente ambiguo, o pobre, desde un punto de vista argumental o político, pero prefiero eso.

Se ha hablado bastante en el último tiempo sobre el tema de las generaciones, de los poetas más jóvenes frente a los otros poetas. ¿Tú te sientes parte de algún grupo o alguna generación?

Creo que no. Por una parte, por el hecho de que mi trabajo, al no estar publicado, no ha recibido ciertas lecturas necesarias para sentirme parte de una generación. Por otra, porque a mí como persona no me gustaría sentirme parte de una generación. Tal vez porque eso implicaría sentirme en contra de otra. Creo que tal vez pertenecer a una generación declaradamente sería como alejarse de otras cosas que están pasando. Generalmente las generaciones son gente de Santiago, las nuevas. Y en provincias se generarán otro tipo de grupos, que no caben en ese nombre. Tiene que ver también con aspectos sociales y políticos, ámbitos muchos más complejos que el mero leer poemas, escribir poemas y publicar libros. Las generaciones, tal como yo las entiendo ahora, tienen implicancias que van más allá de estéticas comunes, y esto tiene que ver también con ciertas aspiraciones de las generaciones actuales con otras anteriores, de la literatura chilena. A mí, esto no me parece mal, pero para mí sería un trabajo gratuito tratar de incluirme en una generación, siendo que hay otra gente que, claramente, ha trabajado en esa dirección, que tal vez merece sentirse parte de algo.

Pasando a otro tema, formaste parte del blog de crítica literaria “La calle Passy”. ¿Cómo ves el trabajo de crítico y el de escritor?

La verdad es que en este momento estoy dejando de escribir y publicar artículos críticos para Internet o revistas. No entiendo muy bien todavía por qué. Creo que ahora, cuando escribo algo, estoy tratando de que tenga que ver más con los géneros que, para mí, son literarios. Si bien hay gente que puede decir que la crítica es un género literario, y eso lo entiendo, prefiero pensar en algún poema, en algún cuento. En ese ámbito prefiero jugar las cosas ahora. Si quiero que mis lecturas tengan algún tipo de fertilidad, quiero que sea dentro de algo que yo estoy escribiendo. Tal vez replicar esos géneros que me gustan, más que llevarlos a otro como una crítica.

Quería saber en qué estás ahora, en qué estas trabajando…

Ahora estoy tratando de armar un primer libro. Todavía no he logrado dar con algo que me satisfaga, aunque tampoco quiero pasarme la vida escribiendo una sola cosa, me gustaría tratar de sacarlo adelante, tal vez publicarlo, ver si recibo alguna lectura, y ver, aunque sea de una manera mínima, que cuando uno escribe va resolviendo ciertos problemas y creando nuevos problemas derivados de los anteriores. Esa manera orgánica de irse respondiendo poema tras poema a mí me gusta. Me gusta pensar que las cosas que hoy pueden parecerme débiles pueden responderse en otras cosas y otros momentos.

En ese marco, ¿cuál crees que es la importancia de publicar, de sacar un libro?

Creo que es importante publicar porque es lo que hace la gente que escribe. La gente que escribe, publica. Son contados los casos en que los manuscritos guardados en el cajón después se encuentran, y, más aún, creo que ese no es el caso ahora. Hoy, y este es un tema que va más allá de la literatura y que es transversal a todo tipo de conocimiento y arte, en cuanto a la situación de difusión, están las posibilidades dadas para que tú mismo te publiques o para que una editorial independiente pueda publicarte. Tal vez llegar a las editoriales conocidas sea más difícil para uno, pero eso no quita que uno pueda hacer público su trabajo, aunque sea en un círculo un poco reducido.


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    4 Comments

    1. natalia f.

      juan es un poeta del norte.
      pero nació en La serena, y no copiapó.
      hay que decirlo, pues según algunos, el norte comienza en copiapó.
      el norte
      y la no poesía del norte.
      en este sentido, la poesía de juan santander, como primer impulso creativo, resulta muy interesante de seguir, y ojalá siga desarrollándose por ese camino.
      pero no entiendo por qué esa intención, que a veces parece forzada, de diferenciarse de los otros. una generación, mal que mal, y lo digo aunque no me guste mucho esto de generaciones, pero existen a fin de cuentas, se dan desde las relaciones humanas, desde los vínculos, desde los mismos amigos y profesores y enseñanzas en común que uno recibió con otros. En este sentido no concuerdo con el “olvido” que estaría envuelto acá: mal que mal estudió en la u de chile, rió y compartió lecturas con los passy, escribió en el blog passy, aún sale con ellos, estuvo en neruda y en morales…. hablar de generación no tiene nada que ver con escrituras parecidas, temática o estéticamente. Tan sólo recodar la generación del 38….
      lo otro, es que no estoy de acuerdo con eso de la ambiguedad, y no sé porqué el poeta santander asume esa postura, considerando que su voz poética es clara en este sentido: no puede olvidar la provincia, escribe del amor. Adopta posturas claras, que dicen algo sobre un momento. Desde esta perspectiva, y aunque juan santander niegue toda vinculación política, hay algo en su voz poética que niega la manera en la que su discurso pareciera querer sacarse toda vinculación en pro de una llamada “ambiguedad”. Así pienso cuando leo sus siguientes versos: “Llévame de la mano hasta la alameda/ que yo voy a hacer allí un camino de tierra”.

      me ha gustado mucho la entrevista. las fotos. extrañé poemas de juan, son muy bonitos.
      mucha suerte para todos!

    2. Anonymous

      que bien Juan, buena entrevista, muestra concisión, claridad en las ideas, en las coordenadas en que te ubicas.

    3. que bien Juan, buena entrevista, muestra concisión, claridad en las ideas, en las coordenadas en que te ubicas.

    4. Víctor Munita Fritis

      “Ya estaba lejos, me di vuelta para ver.
      Aún se podía ver el árbol, brillaban sus espinas.”

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