José Luis Torres Leiva

Apr 2010
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Con varias películas en el cuerpo realizadas en diferentes formatos y géneros, José Luis Torres Leiva figura como uno de los directores nacionales con mayor proyección. Sus obras han sido premiadas en importantes festivales internacionales como Rotterdam y BAFICI, reconocimientos que, al margen del circuito comercial, han convertido a este joven realizador en un destacado y promisorio exponente de nuestra cinematografía contemporánea.

Por Lisette Sobarzo / Fotos: Ricardo Metayer

Cuando recuerda sus inicios como estudiante de Audiovisual, a José Luis Torres Leiva (35) se le vienen a la mente autores como Carl Dreyer o Robert Bresson, influencia que se percibe en esa suerte de “narrativa de la contemplación” con la que aborda cada una
de sus creaciones. Su gusto por la vieja escuela le llegó de manos del realizador nacional Cristián Sánchez, quien fue su profesor y al que recuerda con gran admiración. “Cuando recién entré a estudiar no lo conocía más que por sus películas que estaban en biblioteca, él mismo las había dejado ahí. Fue una influencia súper importante porque con él descubrí autores que en ese tiempo eran de difícil acceso y tanto su teoría como su visión de hacer cine fueron un gran impulso.”

Algunos hasta le han comparado con John Ford. Al preguntarle si se siente cercano a la visión del director norteamericano, reconoce con bastante pudor que le parece un halago y que es otro de sus grandes mentores. “De Ford me gusta mucho como construye sus personajes, la humanidad que les otorga dentro de un género específico que es el Western, eso me llama mucho la atención y es algo que se ve muy poco actualmente. Toda esa época está olvidada dentro de las escuelas, uno vuelve a ver ese cine y está todo ahí”, remarca.

Al momento de iniciarse como director, la apuesta autoral de Torres Leiva, desde un comienzo, destacó por exponer una narrativa audiovisual bastante particular, donde el tiempo es presentado casi como un estado original, prácticamente suspendido en pos de un ejercicio visual que surge a partir de una experiencia íntima y personal de observación y contemplación. En su primer documental Ningún Lugar en Ninguna Parte (2004) realizó un interesante trabajo en el barrio La Matriz en Valparaíso, lugar del que tiene numerosos recuerdos de infancia: “esta idea surgió a partir de imágenes, recuerdos y ganas de conocer mundos muy ajenos a mí, que de cierta manera me tocaban por algún lado y me interesé en explorarlos desde otro punto de vista”

Me gustaría saber cuál es tu modo de aproximarte a la creación, ¿desarrollas el guión y luego haces una búsqueda de las locaciones más cercanas a lo que tienes en mente o desde tu experiencia en un espacio determinado te surge la idea de realizar una película?

Es un poco de los dos. El barrio La Matriz siempre me intrigó. Cuando niño me impresionaba porque era algo que no entendía y no dimensionaba en su totalidad, después fui investigando más sobre las personas que habitaban esos espacios y me di cuenta que convivían de una manera que me llamaba mucho más la atención. En el caso de El Cielo, la Tierra y la Lluvia (2008) fue al revés, siempre quise realizarla en el sur a pesar de que no lo conocía tanto pero mi familia es de allá y mis tíos siempre contaban su vida en el campo y sus juegos cuando niños. Funciona harto para mí lo emotivo y la curiosidad de explorar esos mundos. En el diario vivir me cuesta interactuar con la gente pero cuando hay un proyecto audiovisual detrás, se me hace más fácil porque tengo esa meta de la realización. Al estar detrás de la cámara se me olvida toda la timidez y ha sido una suerte de terapia (risas).

Su primer largometraje de ficción El Cielo la Tierra y la Lluvia (2008) obtuvo importantes reconocimientos internacionales, participando en Rotterdam, Ficco y Corea, entre otros festivales. El jurado de la Asociación Internacional de Críticos en el certamen holandés le otorgó el premio FIPRESCI, indicando que “la película fue escogida por su cinematografía conmovedora combinada con el diseño de sonido sutil que integra de manera impecable y contrasta a seres humanos y la naturaleza”. Al respecto, Torres Leiva señala que lo que le interesa principalmente, a pesar de la buena crítica, es continuar haciendo cine en diversos formatos y seguir aprendiendo de cada cosa que hace.

En esta película participó un importante equipo de trabajo y también contaste con un mayor financiamiento, ¿cómo te sientes más cómodo? ¿Realizando películas más íntimas y personales o de mayor envergadura?

Cuando supe que iba a trabajar con un número tan grande de gente igual me complicó un poco, no sabía cómo afrontarlo, pero fue un rodaje que no tuvo ni una dificultad por ese lado y todos fueron súper generosos al entregarse a la película y lo que ésta necesitaba. Fue una muy bonita experiencia, no hubo necesidad tampoco de imponerse. Tuvimos un arduo trabajo previo que fue muy importante porque cada uno ya sabía lo que tenía que hacer y eso se complementó y fluyó súper bien en el rodaje. Con la fotografía y el arte, por ejemplo, hubo un súper buen diálogo.

Trance (2009)

Cada proyecto tiene su propia naturaleza y su propia necesidad pero si me preguntas qué me acomoda más, yo preferiría seguir haciendo películas más chicas, más independientes. Crear otro tipo de atmósferas durante el rodaje, justamente algo más íntimo.

En una entrevista mencionaste tu gusto por un documental de Chantal Akerman, “Sur” (1999) y remarcaste que te había llamado mucho la atención esa narrativa desde la omisión, una suerte de “poética de la omisión”, ¿se relaciona esta idea al trabajo que realizas en tus películas?

Sí, para mi es bien importante enfocarme en los lugares que tienen mucha historia por detrás pero desde otras perspectivas. Por ejemplo, en el hospital psiquiátrico, locación de El Tiempo que se Queda (2007) era tan fuerte estar en ese espacio, en esos pasillos y en esos pabellones, que todo lo que podría poner en esa imagen sobraba. En ese documental que mencionas, en particular, me llamó mucho la atención que el punto de inicio de la película fuera la muerte de un niño en el sur de EE.UU. La directora filma los lugares donde ocurrió este asesinato y como ya había pasado bastante tiempo, la gente había vuelto a su cotidiano e incluso en el mismo piso donde ese niño había estado muerto, la gente seguía haciendo su vida. Es interesante como ese lugar bajo esa historia adquirió otro peso y otra narración, fue algo súper potente.

Cuéntame sobre eso, tu próximo proyecto “Verano”, ¿en qué etapa está?

Es un proyecto de hace harto tiempo que se ha transformado mucho, era una película pensada en realizarse con un equipo pequeño, en video y con un espíritu bien distinto a la anterior. Si en El Cielo, la Tierra y la Lluvia (2008) me interesó explorar el tema de la soledad, la tristeza y la melancolía, Verano explora todo lo opuesto: la felicidad y esos pequeños momentos fugaces que son muy cotidianos, que provocan cierto placer y que son los que quedan finalmente en la memoria. Es muy simple como está planteada, transcurre en un día de verano, en vacaciones, en las termas de Cauquenes, un lugar que para mi es súper especial porque iba con mis abuelos algunos fines de de semana. Tengo recuerdos especiales de algunos lugares, volví a ir cuando ellos habían muerto y fue muy impresionante porque está igual. Fue muy fuerte ese recuerdo, imágenes de momentos infantiles que son como pequeñas lagunas, que están en tu mente y se activan. De ahí nació el proyecto, de querer hacer algo con eso.

Con respecto al cine contemporáneo nacional, ¿te conquistó alguna película estrenada el año pasado?

Lo que me parece interesante con el cine chileno es que son propuestas muy personales pero a la vez hay un diálogo entre todas las películas, puede ser que hablen de temas muy distintos pero sí hay algo que las conecta que a lo mejor puede ser generacional, una visión del Chile de hoy, de cómo vivimos ahora. Huacho (2009) me gustó mucho, es súper interesante lo que hace Alejandro Fernández. Conocía sus cortos, los temas que viene trabajando y lo que quiere hacer en el futuro y hay una coherencia ahí que me gusta mucho. Igual yo valoro eso, cuando alguien es consecuente con lo que piensa y lo transmite.-


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