Tiziana Panizza

Jan 2009
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Cineasta joven y experimental, Tiziana Panizza se ha vuelto un nombre recurrente en el horizonte nacional cuando de romper esquemas se trata. Su incursión en el documental no ha estado exenta de polémicas debido al valor plástico que le imprime a sus films en super8 y a la relación que hace entre su historia personal y la reflexión teórica que hace sobre el soporte de la memoria. Le señala a tapiz.cl con fuerza que ‘Hay que tomarse el cine por asalto’.

Por Roberto Doveris / Fotos: Valentina Campos en www.flickr.com/balerocks

Tiziana, cuéntanos… ¿cuándo y cómo surge tu interés en el cine?

Cuando era chica me gustaba ir al cine porque sentía que después de que terminaba la película me quedaba con una sensación como de estar a 10 cm. del suelo, como en un estado extraño, quizá parecido a ese cuando uno se despierta después de haber soñado algo que te deja una emoción pegada al cuerpo todo el día y no sabes muy bien por qué. Esos estados puramente emocionales, se parecen a haber vivido algo, pero sin “las marcas de lo real”.
La verdad es que siempre pensé que iba a escribir. De ese mundo provengo, porque me gustaba leer esas novelas que te hacen literalmente visualizar, como una película dirigida por mí, hacer la puesta en escena mental como yo quería. Después descubrí que la poesía lo que hace es fragmentar el discurso, instalando imágenes potentes en sí mismas, un juego de asociaciones mediante el montaje (yuxtaposición) que hasta hoy me interesa.
En la universidad descubrí que en mí el mecanismo del cine y la literatura era el mismo. Ambos construyen imágenes, atmósferas, paisajes emocionales, aunque el cine era aún más directo y comencé a dejarme seducir lentamente. El primer espacio que me dio la posibilidad de cruzar ambas cosas fue un programa de televisión en el que trabajé durante tres años y que fue perfecto para combinar ambos mundos: “El Show de los Libros”. Allí pude experimentar a través del lenguaje audiovisual piezas inspiradas en textos literarios. El montaje, el registro y la puesta en escena se metieron de frentón en mi manera de comprender el mundo y no lo abandoné nunca más.

En tus películas podemos ver una propuesta personal y distinta. ¿Cómo llegaste a plantearte esta manera de narrar y qué hechos, películas, personas o cosas te influenciaron para derivar en esta propuesta?

Cuando era adolescente escribía diarios de vida, tuve muchísimos cuadernos y eran bien cursis, con fotos pegadas, recortes, poesías, dibujos, collages de la vida cotidiana. Estaba obsesionada con que nadie los fuera a leer, les ponía candados y luego los escondía en el closet. En esa época uno descubre la intimidad y el portazo pasa a ser parte del soundtrack de la adolescencia, como gesto de dejar el mundo afuera, con la puerta con llave, escuchando música y escribiendo en el diario de vida en un intento por reclamar intimidad ante las transgresiones del mundo adulto o del mundo entero.
Esto para mí sigue teniendo mucho sentido, el mundo personal que te construyes en soledad, el diálogo interno.
Los cuadernos luego fueron derivando hacia escritos más conceptuales, desde la prosa a la poesía. Trabajé textos en varios talleres literarios y aunque me pasé a la imagen mecánica, sigo escribiendo.
También se suma el hecho de ser hija de inmigrantes, en ese espacio las cartas se sumaron a los diarios de vida como vía expresiva. Mis abuelos recibiendo y enviando cartas constantemente, de allá para acá en el lenguaje de las distancias, antes de la era e-mail, por lo que los afectos familiares se estrecharon mediante lo literario. Yo me instalé desde ahí para hacer estas “Cartas Visuales”, tal vez una forma de re-crear ritos, tal vez a falta de otros mitos constitutivos en los cuales reconocer identidad. Hay personas que encuentran que eso es la fe, pero yo no tengo esa suerte.

Tengo mis compañeros de ruta: la poesía y los diarios de Claudio Bertoni, la poesía peligrosa y arriesgada de Germán Carrasco, la melancolía permanente en Jorge Teillier, la prosa vertiginosa y adictiva de Paul Auster. Tengo debilidad por el New American Cinema: Maya Deren, Stan Brakhage, Jonas Mekas,
Marie Menken. También me gusta la escocesa Margaret Tait y el cine de reciclaje de Bill Morrison.

En ‘Dear Nonna’ y en ‘Remitente’ se habla de muchas cosas al mismo tiempo, todo parece estar narrado desde un punto de vista particular (el tuyo) y de una forma profundamente plástica. ¿Qué aproximación tienes respecto a las artes visuales y qué te pasa cuando en vez de ser catalogados como un film, estos dos documentales son vistos como ‘video-arte?

No me importa mucho como sea catalogado, la verdad. Hoy los géneros están siendo cuestionados y sólo se habla de películas, filmes que te emocionen, que te hagan pensar o que te dejen una sensación que no puedes describir. A mí me interesa el cine como lenguaje expresivo, aproximarme emotivamente en la narración, para eso estoy en la búsqueda de estructuras distintas a la dramática. La expresividad, lo personal como única verdad cinematográfica posible, Oscar Wilde decía que todo lo que no es autobiografía es plagio….en fin, si son tan importantes las etiquetas, pues entonces diría que es cine de ensayo.

Me cargan esos discursos de gente que cree que el cine es algo sagrado, intocable, para elegidos, que sólo existe una manera de comprender y concebir el lenguaje audiovisual. Creo que hay que tomarse el cine por asalto: apropiarse de todo, de sus formas narrativas, de las estructuras posibles, torcer su gramática para instalar discurso expresivo, estética propia, aunque ésta sea agresiva, cursi o kitsch. Ese es un espacio ganado para todas las artes, ¿Por qué no para esta reciente que es el cine?

De la las artes visuales me interesa el reciclaje, el found footage en la estética de la ruina. El super 8mm me da esa posibilidad, desarrollar formalismo, centrar la percepción y discurso en lo que estás viendo, en una sola imagen, que no es nítida, que es frágil e imperfecta por esencia y que eso la hace bella. Por eso no le encuentro sentido al montaje en continuidad espacio-temporal, me siento más cómoda y veo más cosas en la fragmentación que en la linealidad. En mi trabajo hay referencias a una literalidad entre la palabra y lo que ves (decimos perro, vemos perro), procesos que se va disociando hacia el final de la película en una búsqueda propia de sentido, en lugares por separado, pero que somos capaces de asociar de otras maneras misteriosas.

A pesar de que filmo mis propias imágenes en ello también hay actitud de reciclaje, en el sentido que para re-utilizar tienes que buscar. Yo recolecto materiales en un montón de partes, desde películas familiares anónimas, hasta viejos cassettes que hacíamos con mi hermana con la grabadora ochentera de mi papá. Luego que he acumulado cosas suficientes para este collage, me entretiene ir amasando los materiales en el montaje, ir buscándole su lugar, asociándolos o simplemente por el placer de contemplar lo que queda de una imagen o su potencia estética por puro hedonismo, para intentar conectar emotivamente. Si al final de este proceso no hay comunicación, no me importa mucho, parte de la comunicación es asumir que no va haber conexión posible. Eso es parte del misterio indescifrable que se establece entre el espectador y una obra personal.

Estas dos películas forman parte de una trilogía cuya tercera parte aún no estrenas (recién se estrenó ‘Remitente’ en el festival de cine de Valdivia). ¿Cuándo podremos ver esta película de cierre y qué búsquedas específicas estás trabajando en ella?

Dear Nonna y Remitente son parte de una trilogía que se llama Cartas Visuales, donde cada cortometraje es un ejercicio epistolar con distintos destinatarios. En la primera había una intención por explicarme a mí misma la naturaleza de los recuerdos, cosa que al parecer no puedo hacer sino desde la nostalgia. En la segunda hay un trabajo que rodea el olvido, buscando imágenes en Santiago para comprender el reverso del recuerdo.

Por ahora lo que quiero trabajar en la última carta es un intento por entender el flujo del tiempo a través del espacio que no-habitan mis dos abuelas inmigrantes italianas. El registro devela sus últimos momentos en la vida, imágenes que retratan a dos mujeres que no hablan, que no pueden moverse, que no comen por sus propios medios y que son cuidadas por otras dos mujeres que dedican sus vidas a ellas. Esta nueva carta podría ser una reflexión sobre el paso del tiempo, el olvido (alzhaimer y vejez), donde las imágenes buscarán lugar en el silencio, en habitaciones cerradas donde es difícil encontrar sentido y las percepciones disminuyen como el ritmo de sus latidos.

Quiero seguir trabajando en super 8 mm como soporte de memoria individual y como obstrucción a la cantidad de material que puedo filmar (que es infinitamente inferior al que podría hacer en video). Eso me obliga a ser doblemente conciente ante las imágenes que quiero hacer, decido en el registro, más que en el montaje. Por eso, no hay mucha edición posterior, lo que se ve en la película también es develar las decisiones que tuvieron lugar en ese momento, eso es parte de este “diario de vida”, tiene el valor de documentar ese momento. Para el montaje dejo decisiones de yuxtaposición entre secuencias y la relación imagen-sonido.

Trabajaste con otra documentalista en ‘74 metros cuadrados’, Paola castillo. ¿Cómo es co-dirigir un film y qué crees que tiene Paola, en particular, que pudo dialogar con tu propia mirada sobre el cine y sobre lo visual?

Con la Paola nos conocemos de la época en que trabajamos juntas para el programa de TVN, El Show de los Libros. En ese rigor nos hicimos amigas, compinches inseparables, creo que lo primero desde donde enganchamos fue en la pasión y en la fuerza puesta en el trabajo, eso es algo que reconozco en mí y que admiro de ella.

Si yo soy a mí misma en mi trabajo personal, el que tengo con la Paola es el allá afuera. Tal vez porque las dos estudiamos periodismo por una curiosidad de conocer el mundo, por conocer gente distinta, por contar historias de realidades lejanas. Era un hambre por saber qué hay más allá y aunque ninguna de las dos ejerció la profesión propiamente tal, las dos estudiamos cine después.

Cinematográficamente el encuentro fue en el documental La Ultima Huella, donde Paola me invitó a participar en la investigación y el guión. Fue un proyecto largo, viajamos 4 veces a Puerto Williams, un lugar increíble con gente hermosa; eso selló para siempre un pacto tácito. En ese documental hay una manera de mirar el mundo. La historia retrata la vida de dos hermanas que son las últimas de su especie, la cultura yagán se muere con ellas. Para nosotros esto era: estas abuelas no las podía entender nadie y lo que era peor, nadie más podría comprender el mundo como ellas. Lo que se acababa entonces era una manera de concebir la vida en este planeta.
Creo que en esa vuelta lo que nosotros entendimos también es que habíamos escogido un lenguaje para expresarnos. El audiovisual es para nosotras un idioma desde el cual darnos a entender, desde la metáfora proponer una mirada.

Lo que me pasa trabajando con Paola es que siento que ponemos una mirada muy parecida sobre las historias que nos interesa contar. El documental que estamos co-dirigiendo hoy es así también. 74 metros cuadrados es una historia de 150 familias en Valparaíso que están por dejar de vivir en campamentos para tener una casa digna. Hay una problemática social si se quiere, pero también esas historias nos permiten expresar una visión de mundo, una opinión, en este caso sobre los modos de habitar, de cómo nos determina el lugar donde vivimos y cómo las personas construimos nuestras ciudades.

También has trabajado para la televisión (Canal 13) que al parecer es lo opuesto a tus obras personales. ¿En qué punto colindan estas formas de trabajar la imagen y la narración?

Trabajé mucho tiempo en la producción independiente, haciendo series documentales para la televisión y también estuve dos años en el área de reportajes de canal 13 en un proyecto documental con un notable equipo de realizadores. Sobre todo allí con ese programa (Testigo) siento que no sólo contribuimos a diseñar un tratamiento audiovisual que no se había visto antes en la tv, sino que además las historias ayudaron a saldar algunos temas pendientes de la televisión abierta. Se desempolvaron archivos inéditos, que nunca se mostraron durante la dictadura, habló gente por primera vez de heridas sociales profundas, en fin fue un trabajo largo y difícil, pero que llegó a mucha gente y contribuyó a abrir la línea editorial del canal y por ende su credibilidad. Porque esa es la gran ventaja de la televisión, a la cantidad de personas que puedes llegar con una historia…ese diálogo es difícil de lograr en otro medio.

Con mi trabajo mas personal, colindan en el sentido de que trabajar para la TV te obliga a someterte a un método, a un rigor, tiempos concretos y a veces eso ayuda a poner en orden las ideas y darles una estructura para que salgan adelante. Pero también en términos de lenguaje tuve la posibilidad de hacer muchas cosas allí, seguimientos observacionales, trabajar con documentales testimoniales, hacer puestas en escena, etc. Tal vez por eso estoy en una búsqueda totalmente distinta a eso, películas donde no hay entrevistas, y donde las estructuras sean distintas a la dramática, para ir probando otras maneras de comprender y conectar emocionalmente. Tal vez si nuestra televisión tocara todos los temas, interpretara más con reportajes jugados, nuestros documentales de creación se distanciarían mucho más del reportaje periodístico para explorar, desde la forma (el lenguaje cinematográfico), las implicancias profundas de lo que está en pantalla.

Finalmente, y luego de tan extensa entrevista, me interesa el hecho de que también eres profesora de alumnos de cine en la Universidad de Chile. Cómo es tu experiencia de la docencia y cuéntanos de qué forma ha afectado tu forma de plantearte el hacer cine, si es que lo ha hecho.

Para mí, la clase de cine documental que hago en la Universidad de Chile es un espacio para situar el género como un lugar de exploración, de experimentación en el lenguaje. Eso es lo que me interesa transmitir: que los temas e historias probablemente ya están tocados de cierto modo, lo interesante es el cómo está hecho y que es allí donde reside el contenido del filme. Los grandes documentalistas en el mundo, por lo general han tatuado para siempre el mapa estético de la realización.

También me pasa que mostrando una y otra vez las mismas películas, casi siempre les encuentro algo nuevo…eso es misterioso, pero me fascina. Y por supuesto que en el análisis posterior con los estudiantes, siempre aparecen nuevas miradas, nuevas percepciones tanto de las películas como de las teorías. Me gusta compartir ahí películas que son amores personales, por lo general cosas nuevas, pequeños descubrimientos que son inclasificables y de las cuales aparecen reflexiones interesantes. Los estudiantes son seres estimulados y vivos…eso es más de lo que uno puede decir de mucha gente…

¿Crees que haya futuras generaciones que puedan expandir el mundo del cine Chileno que en cierto momento se vio conflictuado con tu propuesta por ser atrevida y ‘diferente’, por decirlo así? ¿Cómo te tomas el hecho, por ejemplo, que tus películas no sean exhibidas en el Fidocs (Festival internacional de documentales de Santiago)?

Creo que no todas las películas funcionan para todos los festivales. Creo también que a veces hay una sola idea determinada de lo puede o no ser un documental (si es que eso es relevante) y de sus fronteras. Pero por sobre todo creo que hay subjetividades, en el sentido de que hay personas con las que conectas con una película y otras con las que no. Yo sé que mi trabajo tiene eso…lo típico que se dice “o lo amas o lo odias” y eso pasa con todas las películas “o conectas o no”. En este caso es una cosa casi puramente estética, pues no es que yo esté diciendo algo que pueda ser censurable, algo tan filudo que al ser excluido se transforme en una bandera de lucha… mi trabajo no sale en los medios, no golpea los titulares, no está en los festivales mainstream, se proyecta en festivales pequeños, en secciones donde el asunto no está en la urgencia del tema, sino en instalar experiencias cinéticas. Creo que puede haber trabajos mucho más interesantes que el mío, pero el mío es un modo de ver las cosas y cuando en Chile exista espacio para toda esa diversidad de miradas, sabremos que vamos bien…


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    5 Comments

    1. muy muy buena la entrevista!!

    2. Jana

      Sí…grata y enriquecedora entrevista. Mueve, motiva…me gusta.

    3. que especial el video es potente, me senti muy atraido, felicitaciones bellisimo trabajo

    4. iolanthe iezzi

      querido Tiziana,
      que es tan bella imágenes de los árboles y me encanta la idea de una carta de la película! lo que hizo la cámara que se utiliza para tomar las imágenes?
      gracias iolanthe

      por la manera en que yo no hablar español.

    5. Margarita Marileo

      Taziana.- Margarita hace muy buenos recuerdos de ti y tu familia. Dice que trabajo con ustedes cuando tú tenías alrededor de 10 años. Cree que ustedes no se van a acordar de ella porque han pasado tantos años. Está muy emocionada que alguien que ella conoció salga en la revista Mujer.
      Margarita trabaja en mi casa en Concepción y quise satisfacer su deseo de contactarse contigo y felicitarte.
      Saludos
      Cecilia Albi vda de Martin

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